Hay hoteles que inventaron cosas
Un cóctel, un postre, una ensalada, una forma de atender. Algunos hoteles no solo alojaron a la historia: la escribieron. Dónde están y cómo se viven hoy.
Hay hoteles que se eligen por la vista, por la ubicación o por la cama. Y hay otros que se eligen porque ahí pasó algo. Un cóctel que hoy se pide en cualquier barra del mundo se mezcló por primera vez en uno de ellos. Un postre se creó para una cantante de ópera en la cocina de otro. Una diseñadora vivió más de treinta años en una suite.
Son hoteles que inventaron cosas. Algunas, enormes, como una forma de entender el servicio que todavía define el lujo. Otras, mínimas, como el shampoo en el baño. Lo interesante es que casi todos siguen abiertos, y que esa historia se puede reservar.
Esta nota los ordena por ciudad, con lo que inventaron, lo que se cuenta y cómo se viven hoy.
París: el Ritz
César Ritz y una idea del cliente
La frase "el cliente nunca se equivoca" se le atribuye a un hotelero. César Ritz, un suizo que empezó como mozo y terminó definiendo el lujo europeo de fin del siglo XIX. Su apellido terminó siendo sinónimo de lujo, al punto de que en inglés existe un adjetivo que viene de él.
En 1898 abrió el Ritz en la plaza Vendôme, junto a Auguste Escoffier, el cocinero que ordenó la cocina francesa moderna. La idea era nueva para la época: un hotel con baño privado en las habitaciones, luz eléctrica y un servicio pensado para que el huésped no tuviera que pedir nada dos veces.
Coco Chanel, 34 años en una suite
Coco Chanel vivió 34 años en un hotel. En el Ritz de París, de 1937 a 1971. Su atelier estaba en la rue Cambon, del otro lado de la manzana: cruzaba por la puerta de atrás del hotel, trabajaba el día entero y volvía a dormir ahí. Tenía un departamento sobre la casa de costura, pero su casa era el Ritz. Murió en el hotel, en 1971.
Hoy existe una suite con su nombre, decorada con referencias a su estilo.
El bar de Hemingway
Hemingway tiene un bar con su nombre en el Ritz. Dice la historia que en agosto de 1944, con la liberación de París, fue directo al bar del hotel, que había estado ocupado durante la guerra, y que lo "liberó" a su manera, invitando a todos los presentes. Hoy se llama Bar Hemingway, y es uno de los bares de hotel más conocidos del mundo.
Cómo vivirlo hoy: no hace falta alojarse para conocerlo. Un trago en el Bar Hemingway, chico y con pocos asientos, se planea como una reserva más del viaje. Para dormir, las habitaciones que dan a la plaza Vendôme o a los jardines interiores son las más buscadas.
Londres: el Savoy
Un postre para una soprano
El durazno Melba nació en un hotel. En el Savoy de Londres, en la década de 1890. Escoffier, que en ese momento dirigía la cocina del Savoy junto a César Ritz como gerente, lo creó para la soprano australiana Nellie Melba, que cantaba en Covent Garden. Duraznos sobre helado de vainilla; la salsa de frambuesa se sumó unos años después. Le puso el nombre de la cantante, y el postre recorrió el mundo.
La historia del Savoy y la del Ritz están cruzadas: los dos hombres trabajaron juntos en Londres antes de abrir su propio hotel en París.
Kaspar, el comensal 14
En el Savoy de Londres hay un gato que se sienta a cenar. Se llama Kaspar, es de madera y lo talló el diseñador Basil Ionides en 1927. Si una mesa queda en trece, él ocupa el lugar catorce, con servilleta y cubiertos.
Se cuenta que la costumbre viene de una cena de trece personas a fines del siglo XIX, después de la cual uno de los comensales tuvo un final trágico. Desde entonces, el hotel no deja que una mesa quede en trece. Primero lo resolvía con un empleado; después, con Kaspar.
Cómo vivirlo hoy: el Savoy está sobre el Támesis, entre Covent Garden y el West End. Las habitaciones con vista al río son las que justifican elegirlo, y el American Bar es una parada en sí misma. Es una base muy cómoda para un viaje de teatro.
Singapur: el Raffles
El Singapore Sling
El Singapore Sling se inventó en la barra de un hotel. En el Long Bar del Raffles, en 1915, cuando el bartender Ngiam Tong Boon lo preparó por primera vez. Más de cien años después, sigue siendo lo que se pide ahí.
Y en el Long Bar todavía se tiran las cáscaras de maní al piso. La costumbre viene de principios del siglo XX, cuando los dueños de plantaciones de la península malaya se juntaban ahí los fines de semana y barrían las cáscaras con la mano. Hoy es casi el único lugar de Singapur, una ciudad conocida por su limpieza, donde tirar algo al piso está permitido.
Cómo vivirlo hoy: el Raffles abrió en 1887 y es todo suites, alrededor de patios con galerías blancas. Funciona muy bien como escala de dos o tres noches en un viaje a Bali, Tailandia o Vietnam, y como primera parada para cortar el vuelo largo desde América del Sur.
Nueva York: el Plaza, el Waldorf y el Chelsea
Eloise, la huésped más chica
En The Plaza de Nueva York vive una nena de seis años. Es Eloise, la protagonista del libro de Kay Thompson publicado en 1955, con ilustraciones de Hilary Knight: una chica que vive en el último piso del hotel y lo recorre entero. Tiene su retrato en el hotel y una suite con su nombre.
Para varias generaciones de lectores, el Plaza es la casa de Eloise antes que un hotel. Para quien viaja con chicas que crecieron con el libro, la visita tiene otro peso.
Una ensalada con nombre de hotel
La ensalada Waldorf lleva el nombre de un hotel. La creó Oscar Tschirky, el maître del Waldorf de Nueva York, a fines del 1800: manzana, apio y mayonesa, a la que después se le sumaron nueces. Tschirky fue tan famoso que lo conocían como "Oscar of the Waldorf".
El Waldorf Astoria actual, en Park Avenue, cerró en 2017 para una renovación muy larga y volvió a abrir en 2025, con menos habitaciones y residencias en los pisos altos.
Una canción para un hotel
Leonard Cohen le escribió una canción a un hotel: "Chelsea Hotel #2". El Chelsea fue casa de músicos, escritores y artistas durante décadas, sobre la calle 23. Muchos se quedaban meses, o años, y algunos pagaban con obras.
Después de una renovación larga, el Chelsea volvió a funcionar como hotel. Caminar su escalera y su lobby es parte de cualquier recorrido por la Nueva York de los artistas.
Cómo vivirlo hoy: el Plaza está en la esquina de Central Park y la Quinta Avenida; su Palm Court, para el té de la tarde, es la forma más simple de conocerlo. El Chelsea, en el barrio que le da nombre, es para quien busca la ciudad del arte y las galerías. En dónde alojarse en Nueva York contamos qué tiene cada barrio.
Toronto: Four Seasons
Four Seasons empezó como un motel. En Toronto, en 1961, Isadore Sharp abrió un hotel de ruta, un motor hotel pensado para viajeros de negocios, con servicio personalizado. De ahí salió una de las cadenas más influyentes del lujo.
Se le atribuye algo que hoy nadie registra: el shampoo en el baño. Fue una de las primeras compañías hoteleras de América del Norte en poner amenities de baño, batas y secadores de pelo en las habitaciones, además de conserjería al estilo europeo y servicio a la habitación las 24 horas. Lo que hoy damos por hecho en cualquier hotel de categoría, en su momento fue una decisión.
La regla de Ritz-Carlton
En Ritz-Carlton, cualquier empleado puede gastar hasta 2.000 dólares en vos. Sin pedirle permiso a nadie. Si algo falla en tu estadía, el que lo ve lo resuelve.
La regla, que la cadena hizo pública hace décadas, es uno de los casos más citados en escuelas de negocios sobre servicio. La idea de fondo es la misma que la de César Ritz: que el huésped no tenga que escalar un problema ni repetirlo. El monto es simbólico; lo que importa es que cada persona del equipo tiene autoridad para resolver.
Río de Janeiro: el Copacabana Palace
Cuando abrió el Copacabana Palace, Copacabana casi no existía. Fue en 1923, sobre una playa que todavía era un barrio alejado, con pocas casas y médanos. El hotel, frente al mar, ayudó a convertir ese barrio de playa en lo que es hoy.
Por sus salones pasaron estrellas de cine, músicos y presidentes, y durante décadas fue el centro de la vida social de Río. Sigue siendo el hotel más asociado a la ciudad.
Cómo vivirlo hoy: las habitaciones con vista a la playa, la pileta y un almuerzo en sus restaurantes son el motivo. Para Año Nuevo, el Copacabana Palace está frente a la playa donde se hacen los fuegos, y sus habitaciones con vista se reservan con mucha anticipación. Y es una base cómoda si el viaje a Brasil incluye Fórmula 1 en noviembre, combinando con São Paulo.
Lo que inventaron, en una lista
Ordenados por lo que dejaron:
- Una forma de atender: el Ritz de París y César Ritz, con la idea de que el cliente no se equivoca.
- Un cóctel: el Singapore Sling, en el Long Bar del Raffles.
- Un postre: el durazno Melba, en el Savoy de Londres.
- Una ensalada: la Waldorf, en el Waldorf de Nueva York.
- Una costumbre: Kaspar, el comensal catorce, en el Savoy.
- Un estándar: el shampoo y las amenities en el baño, en Four Seasons.
- Una regla de servicio: los 2.000 dólares de Ritz-Carlton.
- Un barrio: Copacabana, alrededor del Copacabana Palace.
- Un personaje: Eloise, en The Plaza.
Cómo viajar a un hotel con historia
Un hotel histórico no siempre es el más moderno, y eso es parte del encanto. Pero hay algunas cosas que conviene tener en cuenta para que la historia no se coma la estadía.
La habitación importa más que nunca
En los edificios antiguos, las habitaciones no son todas iguales. Cambian el tamaño, la luz, la vista y el ruido. Una habitación sobre la calle en el Ritz no se vive igual que una sobre el jardín; una sobre el Támesis en el Savoy no es lo mismo que una interna. Conviene pedir la categoría y la orientación con precisión al reservar.
No hace falta dormir ahí para conocerlo
Muchos de estos hoteles se viven también desde afuera: un trago en el Bar Hemingway o en el Long Bar, un té en el Palm Court del Plaza, un almuerzo en el Copacabana Palace. Para quien no se aloja, esa visita se planea como cualquier experiencia del viaje, con reserva.
Los hoteles históricos combinan bien con otros
En un viaje de dos semanas, se puede alternar: unas noches en un hotel con historia en el corazón de la ciudad, y otras en un hotel contemporáneo. La combinación muestra dos caras del lugar. En cómo elegir un hotel explicamos cómo pensar esas decisiones.
La renovación cuenta
Varios de estos hoteles pasaron por renovaciones grandes en los últimos años. Eso cambia el estado de las habitaciones, la propuesta gastronómica y, a veces, la cantidad de cuartos. Conviene confirmarlo al reservar, sobre todo en los que reabrieron hace poco.
Preguntas frecuentes
¿Dónde se inventó el Singapore Sling?
En el Long Bar del hotel Raffles, en Singapur, en 1915. Lo preparó por primera vez el bartender Ngiam Tong Boon. El bar todavía lo sirve y mantiene la costumbre de tirar las cáscaras de maní al piso.
¿Cuánto tiempo vivió Coco Chanel en el Ritz?
Vivió 34 años en el Ritz de París, de 1937 a 1971. Cruzaba a su atelier de la rue Cambon por la puerta de atrás del hotel. Murió en su suite en 1971.
¿Se puede visitar el Bar Hemingway sin estar alojado en el Ritz?
Sí. El bar está abierto al público, pero es chico y tiene pocos lugares. Conviene ir temprano o consultar la política de reservas antes de ir.
¿Qué es Kaspar, el gato del Savoy?
Es una escultura de madera de un gato negro, tallada en 1927. Cuando una mesa del Savoy queda en trece comensales, Kaspar ocupa el lugar catorce, con su propio cubierto.
¿Cuál es el hotel más antiguo de Río de Janeiro frente al mar?
El Copacabana Palace, inaugurado en 1923, es el gran hotel histórico de la playa de Copacabana. Su apertura ayudó a transformar el barrio en el que es hoy.
¿Vale la pena alojarse en un hotel histórico?
Depende del viaje. Para quien valora el contexto, la arquitectura y la sensación de estar donde pasó algo, sí. Para quien prioriza habitaciones grandes y diseño contemporáneo, puede convenir combinarlo con otro hotel o conocerlo desde su bar o su restaurante.
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